
Motor City’ es puro artificio, tan simple como resultón
Que Potsy Ponciroli empezó su carrera dirigiendo musicales es algo evidente en casi cada plano de su cuarto largometraje, un adrenalínico thriller criminal que evoca el espíritu de varios...
Que Potsy Ponciroli empezó su carrera dirigiendo musicales es algo evidente en casi cada plano de su cuarto largometraje, un adrenalínico thriller criminal que evoca el espíritu de varios subgéneros del cine exploitation’ de los 70; esencialmente la historia de un tipo duro determinado a vengarse del traficante que destruyó su vida, funciona menos a la manera de un relato tradicional que a la de un ejercicio de estilo y creación de atmósferas definido por la abundancia de violecia sangrienta, el machismo desatado, mucha imagen ralentizada y la ausencia casi total de diálogos audibles, suplidos tanto con sinfonías de gruñidos, crujidos óseos y disparos como con un surtido de himnos setenteros. A través de dicho artificio, Motor City’ cuestiona la verborrea inútil que plaga tantas películas de su misma especie, y asume con acierto que conocemos las convenciones y clichés que las sostienen lo suficiente como para sobreentender los diálogos.